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domingo, 2 de noviembre de 2014

NOVELA: CARTHAGE de Joyce Carol Oates

Alfaguara
536 páginas
También disponible en ebook.

Algunas veces he hablado aquí de algo así como la alquimia, referido a la misteriosa capacidad de algunos artistas para mezclar los componentes de su obra, consiguiendo efectos determinantes en nuestra apreciación de la misma, sin que se note ninguna acción artificial dirigida a ese objetivo, sin que se aprecie la maquinaria, es decir, esa alquimia sería lo opuesto a lo artificioso.
En este caso, esa cualidad casi mágica, consigue convertirnos en receptores de una narración, una densa historia contada por alguien, sin que en ningún momento parezca que el escritor hace nada más que contar, sin intervenir .
Entronca por lo tanto con la acción primitiva de contar y escuchar, y dada la ambición de la propuesta, con la de las grandes historias que forman parte de la literatura universal.
El argumento parte de un hecho concreto, la desaparición de una adolescente en un pequeño pueblo americano, y su búsqueda, al tiempo que se aproxima cada vez más la posibilidad del delito. La primera parte parece cerrarse una vez que alcanzamos la segunda. Hasta ahí hemos asistido a una disección social del entorno, pero también al análisis del núcleo familiar y de la fragilidad de su estructura cuando se ve sacudida desde el exterior. Pero aun queda mucha novela, muchas páginas donde conocer que es lo que realmente ha ocurrido y como ha afectado a los distintos protagonistas. Podrían ser varias novelas, diferentes, pero su autora tiene la maestría y la generosidad de concentrarlas en una sola.
Como ocurre siempre con la literatura clásica ( y Carthage tiene mucho de clásico ) la obra refleja o se refleja en muchos referentes que ilumina y/o comparte; no están nada lejos los grandes narradores norteamericanos, Faulkner, Steinbeck, ni el carácter muchas veces mitológico o bíblico de sus historias ( leyendas y personajes reconocibles, por ejemplo la virgen y el minotauro ); también podemos encontrar algo de  Dickens y de Chejov.
No conozco la obra de Carol Oates, por lo visto una escritora prolija, más allá de Blonde que apenas recuerdo. No sé por lo tanto si es esta su tónica habitual o está sólo referenciada a esta novela. En cualquier caso, es también importante señalar su capacidad para integrar elementos que convierten su creación en contemporanea sin que eso le haga perder universalidad; habla, ya lo he dicho, de la familia y las pequeñas comunidades sociales, pero también de la necesidad de sentirse querido, del hecho de que el ser humano por muy profundo que sea en su visión tendrá siempre un cúmulo importante de ridículas ansias superficiales, de la guerra y lo difícil de los regresos, del dolor, de la necesidad de la fe....
Lo hace con dureza porque lo hace con realidad. No engaña y posiblemente no se deja llevar por ninguna vinculación con sus personajes: es como si, sencillamente, las cosas fuesen así.
Carthage me ha llevado de nuevo a cuando leer era dejar que nos contasen, cuando por un periodo más o menos largo, te introducías en una historia; es prerogativa de los grandes autores; claramente Joyce Carol Oates es de esa casta.

Público

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