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viernes, 18 de julio de 2014

NOVELA: EL PAIS DE LA CANELA de William Ospina

Literatura Mondadori
368 páginas
También disponible en ebook.

Creo que fue el pasado verano o poco después, cuando me adentré en la primera novela de la trilogía que , sobre la conquista de Perú, ha escrito William Ospina.
Ursua era ese primer libro, narración de un poeta que sin renunciar a la belleza de su lenguaje , se decidía a contar.
Y lo más sorprendente era eso, que contaba , pero no tanto a golpe de trasladar y sumar acciones como de dibujar y colorear paisajes, creando un tapiz donde fondo y forma se confabulaban para trasladar la brutalidad selvática de aquel país y la sensación de desconcierto, la exaltación incontrolada de cualquier percepción o sentimiento, que parecía crear en los conquistadores.
El País de la Canela, segunda entrega , abunda en las bondades de aquel, en su capacidad de plasmar con palabras como si fuese un pincel, la riqueza del Nuevo Mundo cuando todavía era virgen , pero afila su condición de cuento, desde el relato en primera persona , siendo bastante más clara y lineal en la crónica.
Nos cuenta una expedición suicida y trágica que , liderada por Gonzalo de Pizarro y capitaneada posteriormente por Orellana , enfrenta , en su largo recorrido, un descubrimiento tras otro y la cercanía de la locura , el terror, la belleza, la desesperanza, el valor y el miedo; un conjunto brutal pero totalmente creible y fantásticamente grabado en estas páginas.
Deslumbra tanto la cercanía y el corazón de la historia , que si antes he utilizado la palabra crónica, la repito ahora, porque parece increible no pensar que quien está dejándonos conocer su vida , no sea el mismo que escribe , desde siglos atrás . Es un trabajo absolutamente logrado en ese sentido, sin el mínimo anacronismo que en ocasiones empaña las narraciones históricas, ni en fondo ni en forma.
Pero además , toda la narración es tan apasionante como la mejor novela de aventuras , y es capaz de trasladarnos la increible gesta que vivieron aquellos hombres , desde un continente viejo, y caduco ( que también y tan bien nos cuenta en los últimos capítulos del libro ) a una especie de sueño donde parecían concentrarse lo mejor y lo peor de cada uno, y salir a la superficie traspasando la piel.
Me queda la conclusión.
Entraré de nuevo en el paisaje y en la historia.
Recordaré que los hombres crean y destruyen.
También escriben. Algunos como dioses, como William Ospina.

Público  

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