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miércoles, 25 de junio de 2014

NOVELA: TIERRA VIOLENTA de Luciano G. Egido

Tusquets
347 páginas

Es Luciano G. Egido un escritor tardío en sus comienzos, pero personalmente , creo que es un escritor ubicado a destiempo.
Su prosa densa , su narrativa rigurosa, su lenguaje literario y de una belleza cervantiana, encajaría mucho mejor en tiempos de Galdós o Baroja.
Hoy día es una especie extraña, un "verso suelto" ,como quizás también lo sea el excelente Luis Mateo Diez.
De su producción , breve pero intensa , me cuesta olvidar El Corazón Inmóvil, esa joya, pero no por ello, dejo de alabar el resto, y en especial su última aventura , Los Túneles del Paraiso, una especie de western coral , difícil y totalmente conseguido, donde multitud de pequeñas historias y personajes, revoloteaban alrededor de un hecho concreto.
Si lo recuerdo es porque no esta lejos de aquella, esta Tierra Violenta con la que aparece de nuevo.
Aquí también hay multitud de historias y personajes.
El hecho central, sin embargo, no aparece hasta el final de la primera parte y carece de cualquier planteamiento realista ; se trata nada menos que de un diluvio, con niveles apocalípticos , en la ciudad de Salamanca.
Hasta ese momento, casi dos tercios del libro, hemos asistido a pequeños cuentos ( ya que algunos comienzan y terminan en una sola aparición ) y viñetas ( sin continuidad ) o capítulos ( que luego emergen de nuevo caprichosamente ) , con un fondo común : la violencia que adjetiva el título.
Una violencia que , de alguna manera, todos podemos reconocer porque está extraida de lo cotidiano, de estampas que vemos a diario o presentimos a nuestro alrededor, sólo que en ocasiones un poco afiladas, otorgándoles cierto tono mitológico que encaja así en un conjunto extraño y trascendente.
Entre ellas , todas escritas con el cuidado y la acidez de su autor , hay algunas que rozan la genialidad o incluso la alcanzan , otras ( muchas ) que sorprenden , casi todas que nos enganchan .... y el conjunto conforma un retablo coral de colores oscuros y sentimientos terribles, muy poco halagueño para el ser humano.
Pero algo que considero especialmente destacable en este libro es la presencia de su autor. No me refiere al narrador en primera persona, sólo presente en algunas áreas , sino al hecho de que tengo la sensación de que , más que nunca, Egido ha escrito lo que le apetecía y como le apetecía, sin atenerse a ninguna regla. Así, como he dicho antes , existe una mezcla continuada de tonos y perspectivas, de aperturas y cierres, una mistura caprichosa ( que no por ello criticable ) de historias , de comienzos, de finales. Incluso se permite introducir tres mini ensayos pseudohistóricos de tres personajes ( Marilyn Monroe, Sartre y Franco ) que poco o nada tienen que ver con el resto de sus páginas ( más allá de su vinculación , de una forma u otra , de nuevo con la violencia ).
Creo que Egido ha escrito, más que nunca, sin preocuparse más que de lo que quería escribir.
La segunda parte , breve , se corresponde con la explosión de esa violencia antes presentida, arrastrada por las fuerzas de la naturaleza; la tercera, mínima, es la coda que da su dimensión de leyenda al conjunto del relato.
Es entonces cuando nos damos cuenta, o yo me doy cuenta, de que la narración es algo tan anacrónico como trasladar a hoy, a una ciudad de provincias , lo mismo que vivió Noe, esa venganza de los cielos. Para mostrarnos el devenir culpable del ser humano han servido más de ciento noventa páginas , y el resto para imaginar el castigo. Empeño extraño, de nuevo empeño difícil, una vez más apuesta sin red de un escritor de raza.
Pesimista, sin duda.
En el resultado puede echarse en cara cierta profusión o no sentirse cómodo ( el lector ) con la dispersión de tramas y subtramas . Pero nunca la falta de rigor o el contar con un manejo de las palabras que , una vez más , le permite a Egido construir un edificio digno de admiración.
No sé como quedará Tierra Violenta en el recuerdo, pero tengo la sensación de que cada vez se verá con mayor claridad , y se podrán apreciar mejor sus oscuros colores y sus matices, una vez que se retiren las aguas y se seque el cieno.

Público  

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