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jueves, 3 de abril de 2014

TEATRO: LA CASA DE BERNARDA ALBA de Federico García Lorca

Dirección- Irina Kouberskaya . Hugo Pérez de la Pica
Carmen R de la Pica. Chelo Vivares. Badía Albayati. Alejandra Navarro. Matilde Juarez. Rocío Osuna. Irene Polo. Irina Kouberskaya. María Luisa García Budí. Enriqueta Sancho.

¿ Cuantas Bernardas Albas puede conocer un espectador español a lo largo de su vida? Parece que infinitas.
Esta pieza lorquiana se ha convertido en nuestro país en una pieza tan recurrente como puede ser Hamlet para los británicos o Tartufo para los franceses.
Aun recuerdan los más viejos del lugar, cuando Angel Facio tuvo el atrevimiento de encargar a un hombre, Ismael Merlo, el papel de la tirana.
Personalmente, parto de aquella representación mítica y blanca en el Teatro Español, a mediados de los ochenta, donde Jose Carlos Plaza dirigió a Berta Riaza y a Ana Belén.
Luego muchos más hicieron su Bernarda , como no, Calixto Bietio . Y posteriormente hubo propuestas que , tengo la sensación, se basaban más en el maridaje de la pareja protagonista ( Margarita Lozano y María Galiana para Amelia Ochandiano; Nuria Espert y Rosa María Sardá para Lluis Pasqual ).
En general, se ha optado por el realismo y el rigor interpretativo, con resultados dispares ( personalmente la de Ochandiano me pareció fallida ), aunque también hubo álgunos experimentos como aquella Bernarda grotesca y original que pusieron de rodillas en la tristemente desaparecida Espada de Madera.
En fin. Muchas Bernardas.
Tantas que yo un buen día decidí que había llegado a mi cupo. Que no podía esperar mucho más y que me costaba volver a sentarme ante un texto que , por conocido, y a pesar de su belleza, podía llegar a aburrirme y no a sorprenderme.
He roto mi promesa por varias razones:
En primer lugar , por supuesto, por las recomendaciones; en este caso entusiastas de dos personas tan dispares como Alfonso e Iñigo; algo tenía que haber.
En segundo lugar , porque esta compañía, los habitantes de Tribueñe, me habían emocionado al principio de temporada con Por los Ojos de Raquel Meller. Esa ambición en una troupe en principio sin muchos recursos, merece siempre apoyo y aplauso.
Y allí fui.
Ayer noche al Teatro Español a ver ,una vez más, La Casa de Bernarda Alba.
Lo primero que tengo que decir es que no me arrepiento. Si antes decía que era difícil que me sorprendiese este texto por conocido, tengo que decir que este es uno de los logros incuestionables de esta versión: me sorprende en cada minuto.
Los directores , optan por afrontar la pieza lorquiana huyendo de todo realismo, entrando en un territorio simbólico y onírico para el cual utilizan , junto con la iconografía religiosa más oscura y potente , todas las referencias de una España negra, popular, salvaje, que no está lejos de las pinturas negras de Goya ni de la Inquisición.
Son múltiples los recursos utilizados , tanto en música como en movimiento, para crear un espectáculo absolutamente sensorial, agresivo, con unos niveles de riesgo que , de nuevo, no son habituales en una compañía de este nivel. Desde pasos de Semana Santa a cuadros humanos,  sin dejar de lado la fiesta nacional o los pasodobles.
El resultado, con momentos grotescos y otros de una belleza sobrecogedora, debe de sentirse en su conjunto y no en una colección de escenas de las que algunas se podrían cuestionar , tanto por su atrevimiento ( esas medias rosas de torero ) como por su ruptura de tono ( esa bronca flamenca a Martirio). Como un todo funciona estupendamente.
Y seguramente su eficacia se debe a que debajo, de la mano de sus dos directores, estos artesanos del teatro, hay mucha sabiduría escénica y mucho amor a lo que hacen y en especial a este texto.
Hay tres aspectos, tres logros, que me gustaría resaltar ( y que sin duda son consecuencia de lo anterior ):
En primer lugar , el equilibrio entre los personajes , que funcionan como un coro homogeneo y no, como tantas veces, como acompañantes sin nombre de los tres caracteres principales.
En segundo lugar , que es la primera vez que me encuentro a una Bernarda humana , no una gorgona animal sino, por muy tirana que sea, una madre a fin de cuentas.
Y en tercer lugar, y más importante, que el texto se mima con un cuidado extremo, fluyendo en toda su poesía; quizás precisamente darle a esa poesía toda su dimensión, sin caer en anacronismos, es lo que justifica el nivel simbólico de la propuesta.
En definitiva , la gente de Tribueñe, saltando de nuevo a más grandes espacios, ha sorprendido de nuevo, ha arriesgado y ha vencido ( y lo digo yo que estaba , ya lo he dicho, harto de Bernardas ). Espero ahora que sus Bodas de Sangre , obra difícil donde las haya, siga la misma suerte.
Yo ya tengo otra Bernarda.
Ya lo decía alguien : nunca digas nunca jamás.

Público

   

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