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lunes, 20 de agosto de 2012

CINE: BRAVE de Mark Andrews


USA. 2012
Animación.

En los últimos años, Pixar nos ha sorprendido con una madurez narrativa que convertía sus películas , no sólo en entretenimientos familiares sino en obras absolutamente adecuadas para un público adulto, desde la sofisticación de la impagable y chapliniana Wall-E , el modelo Frank Capra de la tierna Up, la potene Ratatouille o las tres entregas de Toy Story, comparable a cualquier saga con aires de clásico.
Con esa base y otros excelentes productos como Nemo, el cine de Pixar perdió ligeramente el aroma Disney de toda la vida de cara a acceder a otros públicos, y lo cierto es que es eso lo que esperamos en cada nueva entrega.
Sin embargo, en Brave se opta por cierto regreso a los orígenes, y así, la aventura de esta princesa soñando con su libertad, está más cerca de las princesas de antaño que de los modernos modelos antes citados.
Ello convierte esta película en un producto tal vez dirigido a un público más infantil, en un cuento mágico con lección, en una divertida aventura con moraleja, por supuesto familiar. Disfrutable sobre todo para ese público que, hace tiempo, era el principal destinatario del género de animación.
La reconstrucción histórica, entre la arqueología y la leyenda, de esa Escocia medieval , y la definición e personajes , es perfecta y rica. Mérida es un logro equiparable a cualquier Blancanieves, y los rizos de su melena, uno de los grandes momentos de la animación; la colección de secundarios, sus padres, sus tres hermanos, la bruja, los pretendientes... están a la altura. Quizás con ese material visual excelente podríamos esperar un desarrollo mayor pero, en cualquier caso, el empaque estético, debe de figurar siempre en el haber de esta producción.
En resumen, Brave retoma el Disney más clásico, menos gamberro y más infantil, y lo hace con la profesionalidad de la veteranía.
Además, desde hace unos años, las cintas Pixar vienen con regalo en forma de corto previo; en este caso, prece a Brave un poema visual hermosísimo titulado La Luna, una joya digna de comentario al margen.
Sus cinco minutos valen mucho más que dos horas de muchas de las películas vistas últimamente. Repito, una joya, en este caso con polvo de estrellas y sabor a pizza.

Público  




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