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miércoles, 4 de enero de 2012

CINE: THE ARTIST de Michel Hazanavicius

Francia. 2011
Jean Dujardin. Berenice Bejó. John Goodman. John Crownwell. Penelope Anne Miller

Me daba pereza.
No había leído una sola mala crítica, incluso las menos positivas hablaban de un juguete conseguido. Pero tenía la sensación de que iba a ser un cromo demasiado agradable y con poca tensión. Por eso, como decía mi hermano B, había que estar en situación para ver algo así.
El hecho de no adelantar otras de cartelera como El Topo o Another Year se ha debido exclusivamente a una adecuación de horarios.
Y si explico todo esto, un poco rollo, lo sé, es simplemente para decir que, quizás sea ese el motivo de haberla disfrutado tanto: por algo así como gozo imprevisto.
Creo que a estas alturas, todos sabemos que The Artist es una película muda y en blanco y negro. Lo que puede sonar a coartada de su razón de ser, no tarda en convertirse en la forma más adecuada para contar esa historia desde dentro, una forma de caligrafía absolutamente coherente y brillante que no se queda en lo que podría ser el titular, sino que adopta un recital de recursos de imagen capaz de crear escenas tan lúcidas como la de la chica y el abrigo, la copa vertida sobre la mesa, por supuesto la pesadilla...
Nos encontramos en los años dorados del cine mudo, cuando el séptimo arte aun no se había convertido en un lugar donde comer palomitas y existían los estrenos de gala. Entonces llega el sonoro, y esa anécdota que tantas veces hemos oído sobre la desaparición de actores con excesos gestuales y mala voz, se convierte en un transcurrir de paralelas entre el declive de él y el camino al estrellato de ella.
Todo ello está contado con profusión de detalles , como ya he dicho antes, con una caligrafía muy rica, pero también, remitiéndonos continuamente al cine de esa época; en este sentido dos referencias: cierta divertida ingenuidad en situaciones y personajes, especialmente el perro y el chófer, y la continua aparición de rostros que contemplan lo que pasa, recordando al público como verdadero motor del nuevo arte y trasladando a través de sus miradas el reflejo interior de lo que ocurre.
Mención especial merece su protagonista, Jean Dujardin, merecidísimo Premio al Mejor Actor en Cannes; cada uno de sus gestos es perfecto, consigue transmitir con una mirada o una sonrisa, aquello para lo que otros necesitan palabras. Es imposible imaginar la película sin él.
Pero con todo ello, lo más importante de The Artist es, a mi entender, el encanto que transmite, el hecho de ser una obra deliciosa, simpática, que transmite un gran amor al cine pero también, y sobre todo , amor a la vida . A fin de cuentas el cine era una forma de demostrar muchas veces que existía, en algún lugar, un mundo maravilloso, aunque no siempre estuviese cerca.
Lo único que  le puedo echar en cara es que la genialidad de los primeros cuarenta minutos sea después sólo muy buena.  
Puede que The Artist sea simplemente un juguete, pero en cualquier caso es un juguete único, perfecto, y que se disfruta de principio a fin. Mucho.

Público

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