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martes, 6 de septiembre de 2011

CINE:LA PIEL QUE HABITO de Pedro Almodovar

España 2011 Antonio Banderas. Elena Anaya. Marisa Paredes. Roberto Alamo. Eduard Fernández.
Antes de entrar en faena querría hacer dos consideraciones:
En primer lugar , decir que conozco la novela Tarántula de Jounquet en la que se basa esta película de Almodovar. La leí hace años y me sorprendió su brutalidad , sobre todo porque no necesitaba más que un diabólico argumento para generara el horror, narrado con una naturalidad que lo hacía todo aun más terrible.
La segunda consideración , va con su autor ; como cualquier director de culto, existen teorías sobre la obra de P.A. , creo que la mayoría excesivas , en cualquier caso, no voy a generar otra , pero sí me gustaría llamar la atención sobre el hecho de que sus comedias son mucho mejor recibidas ( ¿ alguien habla mal de Mujeres..., Todo Sobre Mi Madre o Volver ?) que sus intentos más netamente dramáticos ( Hable con Ella, Carne Trémula,La Mala Educación, Los abrazos Rotos o la que nos ocupa ). A nivel personal, decir que La Mala Educación es entre sus cintas mi favorita pero de eso ya hablaré otro día.
Bien , entrando ya en el tema que nos ocupa, creo que lo anterior se debe a que la comedia soporta mejor la disgresión, siempre que tenga gracia , que el drama ; en este último se necesita un foco que nos dirija para que no se pierda la emoción . Sin embargo, en La Piel que Habito ( ¿ he dcho ya que Almodovar es el mejor creador de títulos que conozco ? ) P.A. genera añadidos innecesarios a la historia central, de una manera que llega a confundir cuales son las motivaciones de los personajes ¿ una venganza ? ¿ la obsesión por una persona perdida ? ¿ la ambición científica ? ¿ el síndrome de Estocolmo ? ¿ la necesidad de fuga?, sin entrar ya en otros rincones menos comprensibles y no bien resueltos como el personaje de su hermano o la increible madre de Marisa Paredes.
Pero, lo que me resulta más negativo en esta apuesta sin duda arriesgada es el manierismo . Almodovar es un gran creador de belleza , es capaz de generarla de forma contínua en cada plano, y en casos como este se regodea hasta el exceso. Para ello elije que el proceso de transformación , que en la novela no tenía entidad per se sino como baza de lo que ocurría, tenga tal peso que , para mi , lastra el desarrollo de la trama , impidiendo ( repito, en mi caso ) que prenda cualquier emoción.
La novela me hacía asomarme al abismo, con la película me he asomado a un cuadro bien pintado. No es la nadería de Los Abrazos Rotos, pero sólo me queda algún momento y, por supuesto, la mirada de Elena Anaya. Ella sí es grande.

Público

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