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lunes, 18 de julio de 2011

NOVELA: EL OCUPANTE de Sarah Waters



Anagrama

530 páginas


Nos encontramos en Inglaterra, en el periodo de entreguerras, un momento importante de cambios sociales que, en una estructura aristocráticamente jerarquizada, comenzaba a precisar y valorar otras cosas además de la antiguedad de una familia, fundamentalmente el dinero.

Sin duda, seguían existiendo terribles diferencias de clases con una pobreza rural difícilmente soportable, pero el Mundo parecía apuntar nuevos caminos y los que antes habían ostentado una posición seguramente injusta e inmerecida, comenzaban a tener que enfrentarse con la dura realidad , a pesar de sus pretensiones algo absurdas de seguir manteniendo su singularidad.

Lo que era vestigio de antiguedad podía facilmente convertirse en viejo; lo que antes otorgaba la belleza del contraluz, ahora era oscuridad.

Y en ese entorno, era fácil que una casa , antaño símbolo del poder como Hundreds Hall, pasase a convertirse en una ruina.

Es en este escenario donde Waters situa esta novela de misterio, de terror psicológico y de locura, pero lo hace estando siempre más cercana al espíritu descriptivo y análitico de James o a la capacidad para atisbar la suciedad en los rincones de las Hermanas Bronte que a la efectividad de un Stephen King.

Y es que el centro de esta novela es la decadencia y, por decirlo de algún modo, parece que su aura sobrenatural es sólo una consecuencia ( "una infeción" se cita en algún punto ) de su imposibilidad por salir al exterior y asumir el cambio de los tiempos y la "modernidad" representada por el narrador, el Doctor Faraday, por mucho que también este en algunos momentos parezca de hipnosis por el brillo del pasado.

Por lo demás, la narración, cuidada y premiosa, serena e inteligente, desenvuelve el relato con mimo, cuidado en los detalles, y una capacidad muy literaria de avanzar poco a poco, sin duda con la mano firme de un excelente novelista. Tanto las excenas de conjunto como aquellas que nos llevan al interior de su personaje principal, tienen un equilibrio perfecto, y cada uno de los pobladores de la historia, está vivo.

El Ocupante no debería de ser percibida como una obra de género, no sería justo con todo lo que cuenta y con el paisaje , físico y humano, en que consigue hacernos descubrir durante sus páginas.


Público

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