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martes, 12 de julio de 2011

CINE: UNA MUJER EN AFRICA de Claire Denis



Francia 2009

Isabelle Huppert. Isaach de Bankole. Christopher Lambert. Nicolas Duvalchelle.

Joseph Conrad eliminó cualquier exotismo del continente africano, convirtiendo su exploración en pesadilla en El Corazón de las Tinieblas ; de los ejemplos posteriores, me quedo con la atmósfera conseguida por Henning Mankell en El Ojo del Leopardo.

En ambos casos , lo que hasta entonces conocíamos como un hermoso paisaje para la aventura y el amor, dejaba descubrir un miedo primitivo , desconocido, incomprensible pero difícil de afrontar y, al mismo tiempo, difícil de abandonar para aquellos que se habían atrevido a querer conquistarlo.

Era en definitiva el fracaso de la colonización y la venganza de lo incolonizable.

Una Mujer en Africa ( título bastante desafortunado en su simplicidad ) va un poco más allá: ha pasado el tiempo y estamos en el momento en que el continente, desde sus peores enseñanzas, se está devastando a si mismo.

No hay sitio ni siquiera para aquellos que, sólo por el hecho de haber nacido en él, se consideran nativos, y menos para los que están empeñados en extraer aquello a lo que creen tener derecho. A pesar de querer ser uno de ellos, simplemente su comportamiento es otra forma de colonización. Sólo queda la huida, la muerte o la locura.

La deconstrucción con la que está narrada esta historia, no confunde sino que exije del expectador atención y, a cambio, le hace partícipe de su creación, no hace falta poner todas las piezas encima de la mesa, sino hacernos cómplices de en su desarrollo. Y así, asistimos a la destrucción de esta familia que no pertenece a ningún lugar y a su descenso al infierno, somos testigos del intento de rebelión y la fragilidad de los heroes y, especialmente cruel sin necesidad de ningún exceso, comprendemos el daño que se ha tenido que hacer a ese continente para que su infancia se deforme hasta el extremo de jugar a la muerte.

Una Mujer en Africa es el reverso de Memorias de Africa.

Isabelle Huppert siempre me ha parecido un lienzo blanco sobre el que puede escribirse cualquier cosa, un prodigio de contención; su personaje podría dar lugar a un absoluto desmelene y sin embargo, su interpretación es totalmente depurada, sirviendo de columna vertebral para esta tragedia.

El resto lo pone la mano firme, sin concesiones, de una directora esquisita en su capacidad de mostrar la acción a través del vacío y un guión preciso y veraz.

El fondo, el horror, lo hemos puesto todos.


Público

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