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viernes, 28 de enero de 2011

CINE: DE DIOSES Y HOMBRES de Xavier Beauvois

Francia 2010
Lambert Wilson. Michael Londsdale. Olivier Raourdin. Philippe Laudenbach. Jaques Herlin. Loic Pichon. Xavier Maly

Comprendo que las experiencias personales pocas veces son trasladables cuando hablamos de la valoración de una obra, dado que es elevar el subjetivismo a su máxima expresión.
Asumo también lo temporal de esas situaciones, siempre influidas por circunstancias externas, no siempre intrínsecas a la obra que se contempla.
Aun así, como lo que pretendo aquí no es más que trasladar mi opinión, voy a contar la sensación que tenía desde los diez primeros minutos de esta hermosísima película: me olvide de que era cine.
No puedo hablar de su estructura, su montaje, los encuadres, la fotografía o siquiera el guión; sólo puedo intentar contar lo que me hizo sentir.
Y es que no recuerdo muchas ocasiones en que una cámara fuera tan amigable, tan generosa, y se dejase acoplar de una manera tan fácil la mirada del espectador.
Mirada que de una forma minuciosa, casi documental, nos traslada el cotidiano día a día de estos hombres y su relación con el pueblo que les rodea, sin los pecados tan frecuentes en el hiperrealismo.
Mirada que, sobre todo, se detiene en los rostros, los gestos y los silencios, consiguiendo acercarnos no sólo al miedo, la duda o el triunfo, sino, mucho más difícil , a sus contradicciones y su evolución, a su serenidad, a su paz aunque tenga la tristeza de saber que no tardarán en abandonar la belleza del mundo.
Contemplando De Dioses y Hombres sentí una profunda emoción que, si bien se concentró en la escena de la cena , alcanzó altas cotas en otros momentos como las dudas nocturnas o la búsqueda de refugio en el costado pintado de Cristo. Emoción porque sé, sentí, que cada uno de esos hombres que decidía permanecer y recibir a la tragedia, lo hacía a pesar del miedo, del sufrimiento y de unas lágrimas que llegué a compartir.
Finalmente, creo que el gran valor de esta película está, a pesar de la importante naturaleza religiosa de su anécdota , es no ser militante : es el hombre quien podrá alcanzar una dimensión espiritual que le hará ser capaz de los más altos logros; para algunos, ese es el reflejo de la imagen y semejanza de Dios a la que ha sido creado, para otros está en su propia naturaleza.
En cualquier caso, sea como sea, De Dioses y Hombres otorga a estos últimos una dignidad a veces lejana en los tiempos que corren.
Yo creo.
Y esta obra me ha recordado que para creer en Dios, es indispensable creer en el ser humano, como creyó El.

Público

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